Inevitablemente, no pudo más y se derrumbó. Giró a la derecha en el primer callejón que vio y se sentó en una esquina, dejando descansar su cara entre sus rodillas.
Entre el sonido de sus gemidos, sollozos y lamentos, escuchó unos pasos ante los cuales se sorprendió y apretó aun más
las rodillas contra sus ojos. En un momento de lucidez, levantó la vista y distinguió un pelo rubio de ojos verdes.
+ Tú...¿Que haces aquí? ¡Lárgate!
- Eh, eh. Calma pequeña-susurró arrodillándose frente a ella. Le cogió la mano y le apartó el pelo de la cara.
+ Estoy bien - sollozó enjuagándose las lágrimas con la manga izquierda de la sudadera.
- Esta no es la chica que se mete conmigo y me pega cuando me ve en el pasillo. La que cuando entra en una habitación,
la inunda con su energía. En cambio, veo a una chica triste, de mirada perdida, con el rimel corrido de tanto llorar, el pelo lleno de lágrimas y las medias rajadas.
Ella pareció reflexionar.
+ Le he visto con otra.
- Vaya, ven...-dicho esto, la coge por la cintura para levantarla y abrazarla.
+ Gracias. No sabía que podías ser tan profundo, y menos conmigo -y esbozó una pequeña sonrisa sarcástica.
Él vaciló y se separó un poco de ella.
- Puede que no sea el meor momento, pero tengo que decírtelo.
+ ¿Qué?
- No puedo soportar cada vez que te veo abrazándole.
+ ¿Por qué me dices esto ahora?
- Porque no te puedo ver dejándote la vida por alguien que ni te quiere, ni te merece.
+ ¿Y quien se supone que me quiere?
- Yo.

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